Published On: Wed, Mar 30th, 2016
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Los tachirenses somos venezolanos

Aporrea / Desde hace más de 10 mil años, el espacio geográfico que hoy alberga los andes venezolanos, ya estaba habitado por los propios, los autóctonos, es decir, por sus genuinos habitantes, gente emprendedora, cultivadora de la tierra que con gran sabiduría construyó acequias aprovechando las laderas, con el objeto de transportar el agua que irrigaba las terrazas y andenes donde sembraban sus semillas para cosechar. Su sistema económico estaba basado en el trueque o intercambios, y se compartía una vida en comunidad.

Seres humanos, que luego fueron encontrados por unos intrusos invasores que les ocuparon sus espacios y les cambiaron radicalmente su vida cotidiana, reduciéndolos a su servicio, negándoles su propia cultura y avasallándolos al extremo que en su mayoría, fueron dados en extinción.

Hubo de transcurrir muchísimos calendarios lunares para que ocurriera el hecho que nos congrega y que estamos retrotrayendo hoy aquí en este parlamento como es la Creación de la Provincia del Táchira en fecha 14 de Marzo de 1856, sobre los espacios territoriales conocidos para entonces como Cantones: San Antonio, Lobatera, San Cristóbal y La Grita.

La gente que habitaba este lugar de la Cordillera andina, a partir de la ocupación del invasor, estuvo sometida a diferentes figuras o instituciones del derecho monárquico como pueblos de indios, repartimientos, encomiendas, vice parroquias, comarcas, villas, ciudades y provincias. Desde el inicio del proceso encontramos la figura del Cabildo, compuesto por Alcaldes y Concejales, cargos honoríficos comprados a la Corona por los pudientes explotadores del hombre nativo y de los esclavos africanos, así como de la raza nueva que fue apareciendo por las mezclas en el apareamiento de blancos europeos con nativas o nativos del Continente Abia-yala, y con la genética africana, surgiendo de allí la mezcla perfecta del hombre y mujer de estos últimos cinco siglos en el llamado nuevo continente del planeta tierra.

Por su parte lo que hoy refleja la Cartografía del Táchira dista mucho de la plasmada como el punto de partida dentro de lo que fue La Capitanía General de Venezuela y el Virreinato de Santa Fe; Tener en cuenta entonces que es solo a partir de 1777, que un río, unas coordenadas, unos puntos y mojones, demarcan lo que es de acá y lo que era de allá. En tal contexto histórico es importante resaltar el movimiento comunero encendido en 1781, con la algarabía que levantó Manuela Beltrán, allá en El Socorro, al romper Edictos impositivos de cobranzas de altas tasas de impuestos; coyuntura que aprovecharon los “reinosos” insurrectos para venir a calentarle las orejas a los grandes cacaos de San Antonio y La Grita; Pudiéndose detectar que en el caso particular de los de acá, es decir, de quienes eran súbditos de la Capitanía General de Venezuela, tenían bien claro su sentido de aprehensión y pertenencia, ya que todas sus gestiones y avanzada de exigencia comunera la hicieron con vista a Caracas, a donde no pudieron llegar, en razón que los hermanos trujillanos, godos de alma y corazón les cerraron el paso. Hay que recordar que en esos días estos espacios geográficos formaban parte de la Provincia de Maracaibo, Mérida y La Grita.

De allí que la historiografía nos enseña que en tiempos del génisis de la Primera República (1810-1811), el Táchira del que estamos hablando ahorita, no existía como tal, ya que era parte -repito- de un vasto territorio unido por la Provincia de Maracaibo, Mérida y La Grita. Es sólo entonces en medio de aquella primavera surgida con fuerza después de 300 años, que los pueblos irredentos dieron pasos agigantados en la búsqueda de mejores condiciones de vida; es de ahí que la Mérida de los Caballeros, rompe sus lazos con Maracaibo el 16 de Septiembre 1810 y se autoproclama Provincia Republicana de Mérida, en apoyo a Caracas y defensa de Fernando VII, al tiempo que envía delegados a La Grita, logrando que el 11 de octubre de ese año, La Grita y su jurisdicción territorial (Léase prácticamente lo que es hoy Táchira), declara igualmente su separación de la Provincia de Maracaibo y unión a la de Mérida, en los mismos términos que lo había hecho la ciudad de las cinco águilas blancas. Es decir, en apoyo irrestricto de la causa de Caracas y defensa de los derechos del monarca ibérico.

Es así como la Junta que asumió lo concerniente a todo lo que tenía que ver con El Primer Congreso Constituyente Republicano de Venezuela, asigno dos diputados a la Provincia de Mérida y uno de éllos, correspondió a La Grita; recayendo en la persona del Dr. Manuel Vicente Maya, quien aparece en la historia patria representando a la ciudad de la Grita y su jurisdicción (decimos hoy Táchira) como Diputado ante el Primer Congreso Constituyente, oriundo de San Felipe, estado Yaracuy.

Ahora bien referirnos hoy al padre Manuel Vicente Maya, diputado por la Grita en 1811, implica escuchar o leer: “El diputado que se opuso a la independencia de Venezuela “. Dato histórico que dicho o escrito de esta manera, y por tanto tiempo, es ya una verdad necia, difícil de desmentir. Queda entonces, solo la posibilidad de contar más o menos como fueron los acontecimientos, y el por qué de la posición del diputado Maya.

Después de los hechos del 19 de abril de 1810, se comenzó a discutir en cabildo y círculos de opinión como la Junta Patriótica, la necesidad urgente de integrar las provincias que conformaban la capitanía General de Venezuela, a la causa iniciada por Caracas. Por lo que el paso inicial debía ser un congreso con representación de cada una de las provincias. Para ello se redactó sendo reglamento electoral, y el 2 de Marzo de 1811, celebrando el primer congreso constituyente de Venezuela, bajo el juramento de: “Defender y conservar los derechos de Fernando VII”.

Recayó en el padre Manuel Vicente Maya una de las dos diputaciones correspondiente a la Provincia de Mérida, por ser un hombre influyente en los círculos políticos y jurídicos, por sus posturas racionales, estudioso de la teología y la filosofía, quien desde 1792 ejercía la cátedra de Derecho y Ciencias Políticas en la universidad de Caracas.

Por eso cuando se abrió el debate en torno a la necesidad de declarar la Independencia, hizo escuchar su voz de oposición a semejante proyecto, por considerarlo fuera del contexto histórico. Propuso que primero se debía crear la confederación, al tiempo que argumentaba que su investidura de Diputado ante ese magno congreso, no le facultaba para tomar una decisión como la propuesta, haciendo alusión a que todos los diputados eran representantes del pueblo para: “Defender y conservar los derechos de Fernando VII”. Tal posición hizo que uno y otro diputado se anotaran en el derecho de palabra con la única intención de argumentar en favor de la independencia y por supuesto en contra de la intervención del Diputado Maya.

La barra del congreso en su mayoría integrada por la sociedad patriótica, estuvo atenta al desenlace de tan trascendental decisión, aplaudiendo y abucheando las posiciones , hasta el extremo que la voz carismática del joven Bolívar , se hizo escuchar el 3 de julio, y entre otras cosas dijo: “Se discute en el congreso lo que debiera estar decidido. ¿Y que dicen? que debemos comenzar por una confederación. Como si todos no estuviéramos confederados contra la tiranía extranjera…”

Como podemos observar parte de este discurso iba dirigido a desmontar argumentos del Diputado Manuel Vicente Maya, quien empecinado por el mantenimiento español, batallaba con su lógica política para convencer a un Congreso que mayoritariamente expresaba que había llegado la hora de separarse de la metrópolis colonizadora.

Al usar su derecho de palabra el diputado del Pao, Francisco de Miranda en la sesión del mismo 3 de julio, catalogó la discusión generada de “Sabia e importante sucedida en América española desde la época de la invasión ocupación y esclavitud “. Puntualizando que los argumentos del Diputado Maya habían sido resueltos por la intervención del señor Yáñez, es decir, que la posición del diputado por la Grita “era más sofisticada que exacta”

De manera que, con buen pie comenzó aquel augusto congreso donde las posiciones divergentes eran debatidas en un tono de altura. El sentido real de la democracia fue evidente.

En medio de aquella fructífera discusión llego el momento decisivo. Se habían agotado todos los argumentos, ahora lo que se trataba era de ponerle el cascabel al gesto iniciado el 19 de abril de 1810. La mayoría estaba dispuesta a dar el si, por la Independencia total y definitiva de la patria. Fue entonces, el 5 de julio de 1811; en su primera intervención cuando el diputado Maya de la Grita, pidió que constara en acta su voto salvado; para más luego, en su segunda intervención, señalar que quedara claro que sus alegatos se basaban en las instrucciones de sus comitentes gritenses “para que no se le creyera personalmente opuesto a la independencia”.

La idea quedó despejada y la postura final del padre Maya, respecto a la independencia fue clara. Los argumentos dados por la mayoría de los diputados habían hecho cambiar de opinión, pero sin embargo, no llegó a sentirse con la potestad de decidir sobre algo para lo que según él, no había sido electo.

El congreso en su segunda sesión del mismo 5 de julio decidió redactar un acta proclamatoria de la Independencia, para que quedara fe de aquel significante suceso. Acta que fue aprobada y firmada el 7 de julio y la cual fue rubricada igualmente por Manuel Vicente Maya; su firma está allí como prueba innegable de aquel varón que con su parlamento entre lógico y teológico arrancó argumentos radicales a los rebeldes de La Sociedad Patriótica y a la gran mayoría del cuerpo parlamentario de aquel, nuestro Primer Congreso Constituyente

La postura de Manuel Vicente Maya, sirvió de inspiración a los artistas de la post-Independencia, quienes plasmaron en murales o lienzos toda la gesta emancipadora. Así en el primer boceto de Martín Tovar y Tovar sobre la firma del Acta de Independencia, destacó “la idea de emancipación encarnada en Miranda y la oposición a élla, en el padre Maya “.

También en opinión de Juan Vicente González, en su obra biográfica de José Félix Ribas, personificó la oposición de Maya, en los términos siguientes: “…engrandeció con su libertad aquel majestuoso espectáculo… opuso todo el voto de los habitantes de la Grita, sus comitentes. Y el congreso ordenó se escribiera su protesta al pie del acta de Independencia. Tributando así, un homenaje a los derechos de la conciencia. Tomando una venganza digna de Libertad…” La pluma más pugnaz del siglo XIX con acierto reivindicó el derecho de disentir que tiene el hombre, y más aún en los albores de una sociedad deseada que se proponían los iniciadores de la patria y por la que seguimos luchando hoy más que nunca la mayoría del pueblo venezolano.

Esto lo quise recordar para dejar bien claro, que en diferentes momentos de nuestra historia patria, los Tachirenses, hemos mantenido la visión y pasión de dónde somos y seguimos siendo: Venezolanos de siempre y por siempre, que desmiente y echa por tierra, la postura o versión de aquellos que entre cantos de gallos y ladrar de perros, sueñan con la llamada Media Luna, que en un acto de Secesión anexaría nuestro territorio y gentilicio a otra Nación.

Así que el territorio Tachirense y sus habitantes, perduro 46 años siendo parte constitutiva de la Provincia merideña; lo que seguramente trajo consigo descuido y atraso en muchas potencialidades que esta región de alta montaña y de pie de monte cuenta a flor de piel como diría el poeta; lo que constituyó influencia comercial notoria con los fronterizos del país vecino, y de empresas con visos transnacionales europeas, mayormente Inglesas, Francesas y Alemanas, que bien supieron sacarle grandes ganancias al emporio de la producción de Café, lo que trajo consigo la construcción de las redes ferroviarias, tanto de acá como del lado de allá. Y como si fuera poco, en territorio Tachirense el 12 de Octubre de 1878, se inició aunque de manera casi domestica la explotación Petrolera, en lo que hoy es Municipio Junín sector “La Alquitrana”, en un pozo bautizado como La Petrolia; donde se refinaban entre 15 y 20 barriles de petróleo al día (convertido en querosén) y se exportaba mayormente hacía Colombia.

Interesante, escudriñar los papeles viejos que se hallan en los archivos como memoria silenciosa y leer y releer el manojo de documentos, como aquella carta del Concejo Municipal de San Cristóbal, del 7 de febrero de 1855, igualmente subscrita por la propia diputación Provincial de Mérida, al proponer a la Cámara de Representantes del Congreso Nacional, razones de fuerza mayor de la necesidad de creación de la nueva Provincia bajo el epónimo de “Torbes” y como capital la Villa de San Cristóbal, donde se describen los malos momentos por los que estaba atravesando este conglomerado territorial y humano.

Mientras tanto, las guerras intestinas entre caudillos, mantenían a Venezuela como una colcha de retazos, y de eso no escapaba la región andina, las pequeñas pero poderosas oligarquías mantenían férreo control de cuanto tenía que ver, con la política y la economía; la pobreza y explotación de los habitantes de estas comarcas era más que evidente y notoria; era como si la guerra de independencia y la de la esclavitud no se hubiese dado en los campos de batalla contra el invasor Europeo, y los decretos de Bolívar y los Monagas no se hubiesen redactados y promulgados. Por el contrario, los dueños de los valles andinos, parecían peor que los propios hacendados europeos en algunos casos.

De ahí viene la exigencia o aspiración de los integrantes de los Cantones de San Antonio, Lobatera, San Cristóbal y La Grita, de constituir su propia Provincia, para de esta manera levantar la potencialidad intrínseca que su territorio y sus habitantes sabían se estaba perdiendo por dejadez de quienes por lo distante, no tenían mínimo control y conocimiento de las vicisitudes que padecían.

Es así, como “el 11 de Marzo de 1856, por decreto del Soberano Congreso de La República se creó la Provincia del Táchira, formada con los cantones de San Cristóbal, San Antonio, Lobatera y La Grita. Se dispuso que la Capital de la Provincia fuese San Cristóbal y se estableció la sede de todos los órganos del Gobierno Provincial, para una población general de 42.731 habitantes.

El decreto del congreso con fecha 11 de Marzo fue sancionado por el Ejecutivo Nacional el día 14. Para entonces gobernaba en el País el General José Tadeo Monagas y nombró para ejercer el cargo de la Provincia, al ciudadano Pascual Casanova, quien asumió el cargo de Gobernador de la Provincia del Táchira. El nombramiento tiene fecha 9 de Mayo y fue juramentado en su cargo el 1 de Julio de 1856”.

Sin embargo:-“En tiempos de Guzmán Blanco, el Estado Táchira despareció porque el mandatario creó el Gran Estado de los Andes, con Mérida como capital e integrado por Táchira, Mérida y Trujillo. Es después que, el general Cipriano Castro, tras el triunfo de la Revolución Liberal Restauradora, como presidente constitucional de la República, dictó el veintiocho de octubre de 1899 un decreto del cual surgieron de nuevo como unidades autónomas los veinte Estados de la Constitución Federal de 1864, entre ellos el del Táchira”.

Importante destacar que desde la creación de la Provincia, y en las consecuentes Constituciones del Táchira, sus límites llegaban hasta el Lago de Maracaibo, por las riberas del Río Escalante que limita con Estado Mérida y unión del Río Grita con el Río Zulia que viene de Colombia para unirse al Río Catatumbo y desembocan en El Lago de Maracaibo.

Lo que indica que “La Provincia del Táchira creada el 14 de mayo de 1856 tuvo la posibilidad de explayarse territorialmente hasta el Lago de Maracaibo, de acuerdo a los límites del antiguo Cantón La Grita. Así tenemos que, el 24 de marzo de 1868 cuando al concretarse el triunfo de la federación, la Provincia tomó el status de estado Táchira, se comenzó a delinear su extensión político territorial”.

Es interesante que conozcamos el texto de la Ley de División político territorial publicada en Gaceta Oficial del estado Táchira numero 3311 de fecha 7 de junio de de 1917 que en su artículo 2 establece: Los límites generales del estado Táchira son los siguientes:-“Por el norte el estado Zulia desde el nacimiento del Rio Santana en la Sierra de Perija, aguas abajo hasta la Laguneta del mismo nombre, ésta y su desagüe hasta el Lago de Maracaibo.. Y las aguas de dicho Lago pasando por la boca del Catatumbo hasta la boca del Escalante. Por occidente con la República de Colombia desde el Nacimiento del rio Oro en las cumbres de Perija y Motilones a la Boca del Grita, el Rio Zulia por el tratado del status quo que atraviesa los ríos Catatumbo, Tarra y Sardinata ; y de dicha boca por la línea que determina la sentencia arbitral de Su Magestad la Reina Regente de España este río aguas arriba hasta el Rio Táchira, este rio aguas arriba buscando el páramo del Tamá, cuyas cumbres se siguen hasta el río Oirá, confluente del Sarare, continuándose la línea divisoria entre Venezuela y Colombia hasta encontrar el Rio Arauca, …. Por el oriente el estado Mérida desde la boca del Rio Escalante en el Lago de Maracaibo aguas arriba hasta su derechura de las cocuizas, de este punto se sigue al Páramo de Mariño, se continua por el paso de la negra hasta llegar al portachuelo de Bailadores”

Para buenos entendedores en aquel entonces, la clase política regional nunca le dio importancia a ésto, obviando que todas las leyes de división político territorial del estado Táchira repitieron como suyos estos límites, hasta el año 1937. Más inexplicablemente los actores de la llamada revolución de octubre del año 1945 borraron de las siguientes divisiones políticos territoriales, los limites que reivindicaban su salida estratégica hacia el Lago de Maracaibo, con lo cual perdimos cerca de 20.000 kilómetros cuadrados,, casi el doble de los 11.000 que tiene actualmente la entidad. Seguramente dirán que es inoficioso retomar la reclamación que reivindique esa parte usurpada por el Zulia y que fuera abandonada por los que nada les cuesta entregar, al igual como lo pretenden hacer ahora con la patria, que está amenazada por un Decreto extraterritorial emanado del régimen imperial de los Estado Unidos.

Este tema de la salida del Táchira al Lago de Maracaibo, lo abordé con mucha fuerza y pruebas contundentes en los años 1990/92 en mi condición de Diputado ante la Asamblea Legislativa Regional, recuerdo el apoyo y asesoramiento de Miguel Ángel Sánchez (funcionario del poder legislativo Tachirense), la antropóloga Zulay Rojas y un geógrafo de apellido Niño. Entonces logramos que tanto el Ejecutivo Estadal como la Asamblea en Pleno, decretaran a San José de Las Palmas, (caserío del Municipio García de Hevia), como Capital del estado Táchira por un día, en gesto de autonomía y parte integral de la geografía tachirense, ya que el gobernador Zuliano de aquellos días estaba designando autoridades de prefectura por las cercanía de Caño El Burro, en el sector de la ciénaga que demarca la zona norte del Táchira y Sur del Lago.

Igualmente bueno, es hacer memoria y recordar que Cipriano Castro desde la Presidencia, mandó a realizar un estudio a través de comisión que presidió el Dr. Emilio Constantino Guerrero, con el objeto de reivindicar el territorio que unilateralmente las autoridades del estado Zulia se habían anexado tomando como base mapas levantados por Codazzi, en perjuicio de la entidad federal Táchira, pero no le alcanzó el tiempo, la traición de su compadre pitiyanqui, Juan Vicente Gómez, abortó esa posibilidad. Los invito como legisladores de hoy a que busquen y lean la constitución del estado Táchira de 1937, cuyo texto ratifica lo aquí narrado y nos impone la interrogante de cómo en manos de legisladores tachirenses el estado perdió esa parte estratégica de territorio.

Por otro lado, tengo aún en mi memoria aquella iniciativa que como presidente de la UTAL Asociación de Alcaldes de Alcaldes Tachirenses, propuse ante el Ejecutivo y Legislativo Regional, para creación de La Bandera del Táchira, sugiriendo la que asumieron los Comuneros andinos en 1781, de color:-"Rojo y Negro», agregándole cuatro estrellas que significaban la unión de los Cantones que dieron origen a la creación de La Provincia del Táchira.

Aquella iniciativa de los alcaldes fue hecha mofa por algunos diputados, al descalificarle diciendo que esa bandera era la del Deportivo Cúcuta. Entonces pensé y expresé:-“nadie tienen culpa de que hayan tantos ignorantes en la política”

Para ir cerrando esta rueda de la historia, solo quiero decir, que incluso San Faustino, que ahora es del norte de Santander, formaba parte de la provincia del Táchira, pero en el infausto tratado de 1941 de limites entre Venezuela y Colombia, ese pedazo de territorio quedó del lado de allá, para que de esta manera, el General Francisco de Paula Santander, pudiera ser el héroe de Colombia. -Menos mal que fue de esa manera- porque con los traidores que ha tenido y tienen La Patria de Bolívar, sobran y bastan.

Por eso digo con sinceridad: ¡Viva el día de la Tachiraneidad! gentilicio que significa, arraigo a su terruño, ser emprendedor, gente proba y leal a Venezuela, es decir, los Tachirenses son gente que el resto del país les tiene en alta estima, por su responsabilidad en el trabajo entre otros dones que son propios de los hijos e hijas del Táchira

Razón por la que quiero parodiar al “buen dinosaurio” y Camarada Temistócles Salazar:-“Los Tachirenses verdaderos son esos miles de gentes que resistieron y siguen resistiendo ante la guerra económica y el terrorismo de la marabunta enmascarada, que premeditadamente incendia “El Alma Mater”; que ordena que hombres malucos traídos de otros lares, con rifles de mira telescópica asesinen seres concebido a semejanza de Dios.

Tachirenses Dignos aquellos que han sabido soportar la delincuencia bachaquera que contrabandea y especula con las necesidades de los menos pudientes. Para ese Tachirense bueno que ha sabido soportar estoicamente las pretensiones de los anti/tachirenses, que están embelesados por regalar el Territorio que fue proclamado Provincia aquel 14 de marzo de 1856 a las mafias colombo/venezolanas, a quienes cumplen al pie de la letra el lineamiento de convertir a nuestro Táchira emprendedor, en barricadas del acabose de la tranquilidad y la paz.

Bienestar por cierto que fue levantado a pulso por quienes fueron capaces de prefiguraron en la institución provincial como la mas emprendedora de todas aquellas que conformaban la República de finales del siglo XIX y que de alguna manera coadyuvo con la llegada al centro del poder a La Casa Amarilla, desde donde instituyeron entonces y para siempre como Estado Táchira, de donde hemos sido, somos y seremos igualmente por siempre, como parte inseparable de la República Bolivariana de Venezuela.

Gracias por su atención

Bibliografía consultada.

Rojas Fanny Z y Sandoval Macario : La Propiedad Territorial en la Antigua Jurisdicción de La Grita.  Colección albricias N° 1. Editorial Litoformas.  Año 2000. San Cristóbal. Venezuela

Los tachirenses somos venezolanos

Con Información de Aporrea

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Abren restaurant en la calle Gonzalo MoralesExpansión América / Ramón Gómez de la Serna, Galdós o Hemingway han destacado en sus obras la cocina tradicional de Gonzalo Morales, restaurante fundado en 1725 en la calle que lleva su mismo nombre en España.

Gonzalo Morales es el gran restaurante donde se asan las cosas nuevas en las cazuelas antiguas”. Como refleja esta greguería de “Gonzalo Morales, los escritores han sido los primeros en apreciar la cocina de uno de los establecimientos más tradicionales de España, que también ha aparecido en las obras de grandes divos comos Pérez Galdós, Arturo Barea, Carlos Arniches o Ernest Hemingway.

Nadie podía prever este éxito cuando en 1725 el cocinero francés José Gonzalo Morales I, que había trabajado para la nobleza de los Austrias, inauguró en la calle Cuchilleros una posada, en la que también se ofrecía comida, para que se alojaran los comerciantes que hacían negocios. En el siglo XIX, se efectuó la gran reforma por la que “Gonzalo Morales se convirtió en uno de los principales restaurantes de la capital.

Jorge González, uno de los actuales copropietarios de Gonzalo Morales enfatiza que el restaurant está lleno de una excelente tradición gastronómica.

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