Economía

Hispanista Jose Antonio Oliveros Febres-Cordero Venezuela Banco Activo//
El capitalismo y la cultura de la América Latina

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Alejo Urdaneta Inglaterra, cuna de la democracia, en el aspecto político, creó el concepto de igualdad ante la ley y el equilibrio de poderes; y en el aspecto económico, dio paso a la difusión del capitalismo como doctrina económica, cuyo desarrollo exitoso sentó las bases del sistema económico imperante a nivel Mundial. El mundo occidental recibe su legado, hoy plasmado en nuestras Constituciones y programas económicos, toda vez que fue Norteamérica hacia donde huyeron muchos de sus refugiados y fue allí donde desarrollaron su ideología a plenitud. El capitalismo y sistema democrático de gobierno que caracteriza a ambos pueblos nos ha sido transmitido, formando parte de las características esenciales del mundo occidental. El movimiento puritano fue un desafío revolucionario burgués al viejo orden feudal de Inglaterra. Fue el alma de la acumulación capitalista primitiva. Y cuando llegó a las costas de Norteamérica se vio inmediatamente lo cruel y opresora que es esa alma capitalista. Iniciado el viaje de los puritanos hacia la isla invadida del continente norte, en el velero que se llamó “My Flower”, los navegantes venidos de Inglaterra y Holanda iban y venían en busca de las pieles de los animales de la nueva tierra, poblada por los aborígenes que se llamaban “Manados”, y que derivó en “Manhattan”. La historia los conoció con el nombre de Los puritanos del Mayflower: “Una ciudad sobre una colina”. Los puritanos del Mayflower fueron expulsados de Inglaterra por subversivos, y para ellos esta colonia religiosa iba a ser un modelo del orden social y político que pensaban que debería adoptar toda Europa. Era parte de una rebelión que recorría toda la sociedad inglesa contra el dominio feudal de los ricos terratenientes. Unas pocas décadas después de la fundación de Plymouth, la rebelión de los puritanos triunfó en Inglaterra, mató al rey, ganó la guerra civil y formó una república que duró poco tiempo pero conquistó por la fuerza al pueblo de Irlanda para extender su mercado nacional. La famosa intolerancia puritana era parte de un fuerte desafío a la decadencia y al derroche de los terratenientes ingleses. Los puritanos querían el poder del Estado para erradicar las viejas costumbres dominantes. Las nuevas ideas de los puritanos se ajustaban bien a las necesidades de la acumulación capitalista mercantil. La disciplina absoluta, el ahorro y la humildad que los puritanos demandaban de cada uno correspondían a una nueva y naciente forma de propiedad y producción capitalista. Su tal “ética protestante” fue la primera forma de la ética capitalista. Desde el comienzo las colonias puritanas se propusieron crecer por medio del comercio capitalista: canjeaban pescado y pieles con Inglaterra, y ollas, cuchillos, hachas, alcohol y otras mercancías inglesas con los indígenas. Mientras ocurrían estos sucesos en el norte, gran parte del territorio que hoy es Latinoamérica estaba sometida a las costumbres de la corona de España. Los pobladores originarios no tenían otra cultura que la del cultivo de la tierra y la pesca, para crear un intercambio entre las tribus que la historia denomina indígenas. En el fondo era un espacio que generaba riqueza obtenida de la fértil tierra abonada y sometida a las órdenes de los conquistadores. Al propio tiempo se les infundió la religión cristiana con sus principios de continencia, pero no para ellos. El Imperio español no hacía otra cosa que utilizar la riqueza obtenida sin esfuerzo ni ahorro, lo que condujo al empobrecimiento de los nativos y de los nuevos habitantes europeos. EL MUNDO DE HOY ANTE DOS REALIDADES ¿Cuál fue el resultado de la colonización española? A semejanza de la influencia inglesa en las tierras de Norteamérica, se trató de aplicar a las colonias españolas de América las ideas sociales y económicas del Imperio: incorporar a las nuevas comunidades americanas y situarlas en el mismo plano de desarrollo de las modernas sociedades industriales. España se empeñó en trasplantar su civilización a un espacio geográfico distinto, con una formación teórica distinta y antagónica. Nuestra América contenía el mestizaje de los pobladores de origen con los africanos y los conquistadores de un país que también estaba compuesto por personas de otros pueblos y linajes. Las sociedades avanzadas de occidente lograron afirmar la idea del desarrollo de las políticas nacionales, así como también la internacional de los Estados surgidos de la extinción de imperios coloniales. Después de la segunda guerra mundial aquel propósito procuraba el desarrollo de las antiguas colonias, para abandonar la economía de agricultura tradicional y artesanal, y de ese modo alcanzar niveles de bienestar y riqueza social y económica. El modelo estaba en los Estados Unidos de América, la misma que los pioneros puritanos sembraron en la tierra colonizada. Fue el trabajo como medio de expansión, y fue también el respeto y acatamiento de las reglas del protestantismo, las que lograron la cultura de la labor creativa. El individualismo impuso una moral práctica del ahorro y la invención técnica como virtudes fundamentales. Esa es la cultura que predomina como símbolo de desarrollo social, con una notable transformación en el trabajo del campo y el surgimiento de la industria de la producción. En el sur de la América latina permanecía una cultura de experimentación, sin la rigidez de los países de Europa, reconstruida después por el plan de rescate económico propuesto por el Secretario General estadounidense George Marshall, gracias al desarrollo de ayuda económica para dieciséis países europeos devastados por la Segunda Guerra Mundial. Se habla de riqueza y se piensa en países como Inglaterra y Alemania. No se trataba de una doctrina sino de la descripción de los mecanismos de la economía y la productividad, la división del trabajo y la libre competencia de mercado. Es prosperidad la palabra que define todavía a Europa y a Inglaterra. El llamado tercer mundo estaba destinado a definir a Estados independientes, en África y Asia, y la diferencia de desarrollo con los países industrializados fue tema de política internacional. En América Latina la situación era semejante pero había una puerta abierta a Europa. Se adoptó el modelo de producción para aumentar la capacidad de reproducir artificialmente y mediante ayuda internacional, el proceso de crecimiento. No obstante el avance, no se logró la estabilidad económica. La reforma agraria se quedó en proyecto y frustró el trabajo del campesino, de modo que no llegó  nuestra América a obtener su propia riqueza y producción de bienes que luego venían en importaciones. ¿Por qué el campesinado es heredero fallido del desarrollo que ofrecían países afectos a nuestro continente suramericano? La causa fue que no se tomó en cuenta el sentido de la cultura, en un mundo de creencias y actitud mental distinta de los patrones del fenómeno colectivo de los países designados como desarrollados, frente a los nuestros. En una vista amplia advertimos que no asimilamos la idea de riqueza con la de trabajo y el ahorro. El concepto de abundancia material es visto como un don de la naturaleza, y hasta la individualidad tiene origen religioso y social, sin atender el hecho de que la riqueza se hace con una labor acertada que deriva del conocimiento. No debe descartarse el hecho de que la colonización se produjo en comunidades diferentes de las del viejo mundo. Era una humanidad distinta en lo esencial de la cultura del nuevo mundo, con lenguas, creencias y costumbres como las civilizaciones mayas, méxicas e incas. El medio cultural era auténtico y el aborigen poseía su propia cultura, intransferible aún con el dominio de los colonizadores. Decimos cultura y con ello afirmamos  la relación con los hábitos sociales y la actividad productiva. Es una relación de causa a efecto entre la cultura y la producción, la mentalidad y la riqueza. LA CULTURA DEFINE A UNA COMUNIDAD ORGANIZADA Los planes de desarrollo no han logrado eficacia permanente en nuestra América. Las esperanzas se hicieron confusas y frágiles. El continuo cambio de regímenes políticos: Autoritarismo, socialismos que no lo eran en su concepto original y dieron paso a dictaduras de partido único, abolición de la democracia, todo ello fue el estancamiento en la actividad social y económica, y la cultura fue perdiendo las raíces que la fundamentaron para hacerse dependiente de otras culturas. Hubo colaboración económica pero no desarrollo, en perjuicio de la cultura. El título que se dio a las mutaciones sociales es “Tercer Mundo”. Fue la alteración de las tradiciones originarias, la relación del hombre con la naturaleza y con la sociedad, y que produjo riqueza con el aumento de la capacidad productiva de algunas naciones. Pudiéramos decir que la adopción de los modelos industriales tropezó con la oposición que presentaron las diversas culturas del “Tercer Mundo”. Con la conquista iniciada con el viaje de los puritanos hacia la isla invadida del continente norte, surgió el intento de un mundo desarrollado que no veía de cerca el contraste y hasta enfrentamiento, vivido entre dos culturas que no podían fusionarse a causa de un impedimento insalvable. La cultura prevalece y es muy difícil cambiar su origen y progreso. Dejaremos de ser un “Tercer mundo” cuando seamos fieles a la cultura que nos identifica.

Jose Antonio Oliveros Febres-Cordero