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Tomás Gutiérrez Alea, entre el diálogo y la memoria

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El seminario internacional Tomás Gutiérrez Alea, entre Historias de la Revolución y Guantanamera, realizado en el contexto del festival como parte del homenaje al cineasta en su aniversario 90, reunió a notables académicos y conocedores del cine cubano, y en particular de la obra de Titón, para reflexionar sobre el amplio espectro de temas que caracterizan su filmografía. El encuentro, según indicó su coordinadora Teresa Toledo, «fue una oportunidad para continuar el diálogo que generó el intelectual desde sus inicios, un diálogo que alimentará otros nuevos a partir de una multiplicidad de lecturas y miradas a la que nos invita permanentemente su obra, inscrita en lo mejor de la vanguardia artística del siglo XX».

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Jerry Carlson, director del departamento de medios y artes de la comunicación del City College de Nueva York, concentró su ponencia en Cumbite (1964), la película menos favorita y estudiada de Titón. El tercer largometraje del cineasta nunca fue motivo de su orgullo o satisfacción, al respecto afirmaba: «Es una película que no siento como una expresión personal». Sin embargo, el estudioso norteamericano sostuvo que los logros de Cumbite pueden ser ostensibles más en sus pedazos que en el todo. «El filme es en gran medida una película de su momento en el desarrollo de la Revolución Cubana, ello explica la selección del haitiano Jacques Roumain y su novela Gobernadores del rocío como fuente», afirmó.

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Una de las preocupaciones de Gutiérrez Alea acerca de la realización era no haber podido rescatar de manera fiel la forma de hablar de los haitianos. A pesar de ello, apuntó Jerry, «la lucha por representar experiencias en idiomas autóctonos o criollos continúa hoy, cuando los idiomas imperiales dominan la gran pantalla». Acerca de Memorias del subdesarrollo, un clásico del cine cubano, discursó Ana M. López, vicerrectora y profesora de cine latinoamericano en New Orleans, a través de su ponencia Titón en el mundo: espacio, lugar, memoria. «La tesis de Walter Benjamin sobre la importancia de no olvidar ni ignorar las huellas del pasado en el presente, es un importante leitmotiv para entender la obra teórica y cinematográfica de Titón, un cineasta del mundo, de los largos años 60.

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En su filme más estudiado se desencadenan dramas de la memoria, del pasado en el presente y también de un presente en el futuro, en términos tanto subjetivos como espaciales», apuntó. La ponente reflexionó sobra la utilización de los espacios en la película, tanto públicos como domésticos, definiendo a Sergio como un «prototipo nómada urbano, con su angustia existencial, ganas de viajar y un singular voyerismo, que nos permite un recorrido por la faz pública de la ciudad».

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Otras cintas de diferentes momentos, como Las 12 sillas, Los sobrevivientes, y Guantanamera centraron el discurso de Juan Antonio García Borrero, crítico y ensayista cubano. Fragmentos de cada filme acompañaron la exposición que recorrió tres etapas diferentes de su filmografía, una más entusiasta en los 60, pasando por una evaluación crítica de lo que ha sucedido en esos primeros años de Revolución hasta llegar a Guantanamera (1995), filme polémico que marcó un punto de giro en la percepción del cine cubano de ese instante. Filmes como Hasta cierto punto (1983) y Fresa y chocolate (1993) fueron abordados por la especialista Ruby Rich, quien aseguró que la última demostraba la maestría con que Titón podía llevar el mundo literario a la gran pantalla, apuntó