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Riot: Civil Unrest Análisis

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Riot: Civil Unrest Análisis

El siglo XXI, al menos en estas prácticamente dos décadas que llevamos vividas, está siendo muy convulso. Grandes atentados terroristas, guerras, catástrofes naturales cada vez más frecuentes, una crisis económica y social que ha agrandado aún más la brecha entre ricos y pobres, paro, corrupción. Hartazgo. Todo ello ha llevado a grandes manifestaciones, sobretodo a partir del año 2010 cuando la llamada Primavera Árabe sorprendió a medio mundo. De aquel chispazo surgieron en Occidente varios movimientos que intentaron poner en jaque a sus Gobiernos. Manifestantes pacíficos que simplemente querían cambios a mejor. Porque la gente, acuciada por el desempleo, los desahucios y la precariedad, sencillamente se cansó de que una parte de la clase política utilizara su posición de privilegio para corromperse. Posiblemente, aquellos años fue el despertar de la sociedad ante una realidad que se venía desarrollando desde décadas -o siglos- anteriores. En cualquier caso, una parte de la sociedad tomó calles y plazas. Protestó y se manifestó. Y de eso es lo que va, precisamente, Riot: Civil Unrest . Un juego de estrategia desarrollado por Leonard Menchiari y el sello IVP Productions bajo la producción de Merge Games, que llega este febrero , por fin, tras haber pasado antes por un Early Access en PC .

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Riot: Civil Unrest es un juego modesto, muy modesto. Tal y como se señala antes de la pantalla de inicio. En su desarrollo han intervenido un número muy reducido de personas con un presupuesto aún más ajustado. Todas estas vicisitudes se notan mucho y lo decimos ya. El juego parte de una idea muy buena pero lamentablemente se queda ahí porque naufraga en todo lo demás. Y precisamente de ello es de lo que vamos a hablar a lo largo de estas líneas. Sin más, nos ponemos el chaleco y el casco de prensa y vamos a adentrarnos en las manifestaciones más brutales de los últimos años

La idea de la que parte el juego es francamente muy buena. Nos traslada hacia cuatro movimientos sociales surgidos en la última década y nos pone en las manifestaciones que llevaron a cabo en Egipto, Grecia, Italia o España . Riot: Civil Unrest es un juego de estrategia en tiempo real en el que podemos optar por el rol de manifestante o policía. En cualquier caso, tendremos que cumplir varios objetivos en un tiempo límite para así poder hacernos con la victoria. Está en nuestras manos el utilizar o no la violencia por lo que la manifestación puede acabar de forma pacífica o, como suele ser habitual, con enfrentamientos entre las fuerzas “del orden” y los manifestantes. Y es aquí donde empiezan los verdaderos problemas del juego: todo es un absoluto y completo caos

Por la sencilla razón de que no hay tutoriales que nos expliquen las acciones a realizar, el momento idóneo para ello. Y, por si esto fuese poco, los indicadores de acciones y movimientos -situados en la parte superior izquierda de la pantalla- tampoco explican con claridad para qué sirven. Por lo tanto, nos veremos envueltos en una maraña de personajes empujándose y moviéndose sin saber muy bien qué debemos hacer. Por suerte, los dos bandos están bien diferenciados -manifestantes a izquierda, policías a la derecha- pero cuando se mezclan… acabamos por perdernos del todo

Los indicadores de movimiento y elección de los pequeños grupos que podemos controlar tampoco son excesivamente claros. Con el stick izquierdo iremos seleccionando estos grupos y con el derecho dirigimos sus pasos. Los botones servirán para dictar acciones -pacíficas o violentas- que irán caldeando los ánimos de los presentes. Si cumplimos nuestros objetivos sin provocar grandes altercados, tendremos la opinión pública de nuestra parte. Y este hecho es algo que nos ha gustado bastante porque otorga al juego una gran rejugabilidad y además nos premia por hacer las cosas más o menos bien. Y nos explicamos: por ejemplo, estando en Puerta del Sol acampados, si conseguimos hacer la sentada pacíficamente y conseguimos que la Policía se marche, tendremos a la sociedad a nuestro favor en la próxima misión e, incluso, contaremos con nuevos personajes que nos serán de utilidad en las siguientes fases. El ejemplo opuesto sería utilizar como jugador a los Mossos d’Esquadra en Plaça Catalunya para desalojar de forma violenta a los manifestantes. La opinión pública se pondrá de parte de los indignados y nos será más difícil disolver la manifestación en el siguiente nivel

Esta dualidad -se puede ser pacífico o violento en cualquier bando- le da un buen toque al juego ya que podemos ver los resultados de ambas situaciones rejugando las misiones en cuestión . Además, conforme vayamos superando escenarios, iremos desbloqueando tanto personajes como armamento para así poder cumplir los objetivos con mayor rapidez y eficacia

El juego trae consigo varios modos de juego en los que las misiones no duran más allá de los cinco minutos. Podemos completar misiones sueltas o sumergirnos en un completo pero escueto modo historia en el que viviremos manifestaciones reales en Italia, Egipto, Grecia y España. No obstante, el principal problema de Riot: Civil Unrest es lo poco intuitivo de todo su sistema de juego y eso resulta frustrante porque la realidad es que las manifestaciones y sus localizaciones -todas reales- están francamente muy bien representadas. Queremos creer que esta falta de pulido en el sistema de control y lo poco intuitivo que resulta el juego en general se debe a una falta de presupuesto bastante considerable. Y es una auténtica lástima porque esta idea, apoyada por un sistema de control mejor, podría haber traído consigo un gran juego de estrategia.

Visualmente estamos ante un juego de estética píxel -“ultrapíxel” podríamos decir dado el tamaño-. Los modelados nos presentan figuras delgadas y muy alargadas. Los manifestantes se caracterizan por sus camisetas y llevar bengalas y objetos varios. Mientras que a los policías los distinguiremos por sus uniformes antidisturbios, cascos y escudos. Los escenarios están fielmente representados a los reales en los que están inspirados. En ese sentido sí debemos destacar el buen hacer de este pequeño estudio. El juego se mueve bastante bien en nuestra Nintendo Switch tanto en modo TV como en portátil. Eso sí, los elementos se nos antojan muy pequeños tanto en la tele como en la pantalla de la consola

En lo referente al sonido, debemos destacar los cánticos de los manifestantes y el barullo propio de una manifestación. Por ejemplo, en las misiones de la Puerta del Sol podremos escuchar los cantos y señas que los indignados utilizaron a lo largo de aquellos días. Un muy buen detalle que refleja cómo este estudio ha querido plasmar dichas manifestaciones de la forma más realista posible

El veredicto El juego ideado por Leonard Menchiari y desarrollado por IVP Productions se ve mermado por una falta de presupuesto que le impide brillar como debiera. La idea y fundamentos del juego son muy buenos, en pocos videojuegos se ha tratado este tema y se consigue trasladar la tensión de una manifestación de forma bastante realista. Además, las misiones y escenarios se basan en casos reales y los entornos están muy bien representados. Lástima que el sistema de control sea muy poco intuitivo -por no decir nada-, que las acciones a realizar sean muy confusas y el sistema estratégico sea muy poco profundo. Lo hemos dicho anteriormente, este juego con una inyección de financiación podría haber sido una grata sorpresa. ¿Está esta página online? Riot: Civil Unrest Fecha de lanzamiento ps4 xbox-one nintendo-switch pc