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Poemas para rescatar al pasillo

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Una guitarra entona el “Alma en los labios” dentro del auditorio del Museo Municipal de Guayaquil . María García, de 18 años, asiste al recital para vivir una experiencia sensorial inspirada en el pasillo.

Adriana Márquez, universitaria de la Facultad de Artes y Comunicación Visual de la Espol, explica que el evento “El corazón hecho canción” tiene el objetivo principal de inspirar a los jóvenes a escribir poesía, para que sean plasmadas en pasillos ecuatorianos y así rescatar este género musical.

Su compañera Katherine Vera agrega que la idea es de la historiadora Jenny Estrada , quien guió a este grupo de siete universitarios, en la investigación de ¿cómo atraer a las nuevas generaciones por este antiguo y tradicional género musical?.

El área se complementa con información sobre la historia de este género.

“La idea es retomar el género, pero hay que recordar que la mayoría de los pasillos nacieron como poesías. En esa época había una fascinación por escribir desde muy jóvenes y luego se les ponía melodía a estas vivencias. Lamentablemente los chicos de ahora ya no escriben poesía ni nada, así que hay que retomar este hábito ya que la visión es que las nuevas composiciones transmitan esta realidad, ya no la de nuestros abuelos o padres”, especifica Márquez.

Jaime Ruiz Castro, organizador del evento de la materia Proyecto de Diseño, especifica que el pasillo es emocional y visual de ahí la idea de exponer este trabajo como una experiencia sensorial con herramientas como la ilustración, la pintura y música en vivo.

Márquez detalla que el pasillo se originó como expresión de alegría y danza de libertad, interpretado por los militares en la época de la Independencia.

“Fue una adaptación del vals austriaco , variación que terminó en cambio rítmico, ya que cada nación sudamericana lo interpretaba con sus instrumentos tradicionales: en nuestro caso la guitarra”, agrega la estudiante de la Espol.

Vera manifiesta que, de acuerdo con las investigaciones el pasillo surge en Colombia y llegó a Ecuador a inicios del siglo XX, pero fue en nuestro país donde el género toma forma; en Guayaquil se masificó ya que aquí nació su más grande exponente: Julio Jaramillo.

Ruiz anexa que cuando se popularizó este género su ejecución se hacía con guitarras, violines, piano y arpa. El pasillo es considerado como “música nacional por excelencia”.

El organizador enfatiza que en Ecuador el género está bajo la influencia de sanjuanito y el yaraví, motivo por el cual tiene un sonido más pausado en comparación a otros países de la región en los años 1800.

Sin embargo, para inicios del siglo XX emerge como atractivos tonos melancólicos y románticos. En la década del 50 surge la carrera de Julio Jaramillo que lo interpreta de forma más lenta, como se lo conoce al género hasta este martes 27 de agosto de 2019.

Mendoza Moreira, Carlos  Silva Filemón Macías, Lauro Dávila Echeverría, Carlos Rubira Infante, Abel Romeo Castillo y César Segundo Guerrero Tamayo, son los otros exponentes que junto al “Ruiseñor de América” hicieron de pasillo, parte de la identidad nacional.

Márquez agrega que el pasillo ecuatoriano es un elemento de identidad para las comunidades, cuando estas abordan temas característicos e icónicos de ciertos lugares, que contribuyen a fortalecer la identidad.

De acuerdo con el musicólogo colombiano Guillermo Abadía , la denominación de “pasillo” nace del diminutivo de “paso” que indica que la rutina planimétrica consta de pasos menudos.

Es decir, el “paso” tiene un compás de 2/4 y longitud de 80 centímetros; el “pasodoble”, un compás de 6/8 y una longitud de 68 a 70 centímetros. Y el “pasillo”, en compás de 3/4, tiene una longitud de 25 a 35 centímetros”. (I)