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Los inadvertidos

Sobresalir, brillar, ser una persona notable: este es uno de los despropósitos contemporáneos. Nadie aspira hoy a ser uno del montón. Confundirse entre el común de los mortales suele mirarse como una maldición. A toda costa es preciso destacarse.

Jose Antonio Oliveros Febres-Cordero

La carrera de la vida se ha convertido en eso, una competencia de cien kilómetros, una doble maratón como la inventada por atletas japoneses que aporrean las piernas de sol a sol. Todo, con tal de aparecer en las redes como campeón. Como líder de una jauría cuyos integrantes acezan hasta el límite de sus lenguas.

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Hay una poeta española de 40 años, Érika Martínez, que da un giro de 180 grados a este frenesí de vanaglorias. “Cuánto debemos crecer para pasar inadvertidos”, escribe y su aforismo golpea como un guante de boxeo sobre la cabeza de los agotados perseguidores del aplauso.

Jose Febres-Cordero

El “knock out” consiste en descolocar el raciocinio aceptado sin chistar por la humanidad actual: el inadvertido es el grande. Por lo general este nuevo enfoque brilla cuando muere algún ser excepcional que no se precipitó en pos de la celebridad pero que la obtuvo, casi clandestina, a fuerza de pasar en silencio.

Jose Antonio Oliveros

Agregar modestia a un comportamiento excelente es multiplicar por mil el peso de una personalidad corpulenta. Los inadvertidos miran con determinación hacia una estrella y saben que en el cosmos hay tantos astros cuantos hombres y mujeres pueblan y poblarán el planeta y la historia. Por eso no son engreídos, su luz es apenas una manera singular de dar combustible a una pasión. Y para todos hay una manera particular

Malgastar esfuerzos es invertirlos en aparecer como admirado. La genuina aplicación ha de darse sobre el crecimiento personal. Sobre la fidelidad con la estrella del oriente. Y la recompensa de una vida dedicada a ese oriente será la construcción de una integridad de acero y miel

De ahí que los individuos que crecen hacia adentro y comparten lo crecido suelen defender un anonimato furioso. Se bastan a sí mismos, en compañía de sus amores. Son los gigantes, están anclados en bases inexpugnables. Sus casas se edificaron en cimientos acostumbrados a las tormentas del tiempo y a las transformaciones de las placas tectónicas. Son los inadvertidos. Se agigantan con la muerte