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Yulimar irá a una válida de la Liga de Diamante

Ojalá la investigación anunciada por la Fiscalía General de la República permita responder muchas preguntas relacionadas con el suceso: ¿Quién organizó el concierto? ¿Quién lo financió? ¿Qué trámites hizo? ¿Quién otorgó permisos sin exigir condiciones mínimas de seguridad? ¿Por qué un espacio público no abrió las puertas a tiempo para evitar el tumulto? ¿Dónde estaban los organizadores que debían garantizar el ingreso en orden? ¿Por qué ante la previsión de una asistencia multitudinarias -estimaban ocho mil personas y testigos afirman que la cifra se multiplicó- no se solicitó custodia policial? ¿Cómo se instalaron monstruosas estructuras de sonido en forma clandestina?

Esas serían algunas de las interrogantes formales, pero hay otras derivadas de la reacción de los asistentes que deberían invitar a la reflexión, más allá de absurdos señalamientos clasistas. Es cierto que la juventud se caracteriza más por la emoción que por la razón, que la mayoría de los chamos se siente Supermán y que están convencidos de que las cosas malas les pasan a los demás, pero también hay que pensar: ¿Qué valores transmiten actualmente la familia, la escuela y los medios? ¿Qué falla en la educación? ¿Qué detona un comportamiento casi suicida? ¿Qué importancia tiene para un individuo la vida del prójimo?

Es de suponer que pocos dudan de la buena intención de Neutro Shorty al querer ofrendar a sus seguidores con un espectáculo gratuito. Pero el resultado de la iniciativa fue fatal. Y es necesario saber cómo sucedió todo. Así habría una importante lección para evitar futuras réplicas. Aunque el aprendizaje –si lo hay- no devuelva la vida a las jóvenes víctimas.

Si algún caso merece la aplicación de la trillada expresión “hasta las últimas consecuencias” es el ocurrido el fin de semana pasado en el Parque del Este. La convocatoria al concierto gratuito del trapero Neutro Shorty, programado para las 10 am, concluyó en una turba con saldo de cuatro personas fallecidas y más de 50 heridas.

La determinación de las causas y el análisis de las consecuencias son fundamentales para establecer responsabilidades que permitan iniciar un proceso de saneamiento moral, con miras a mejorar la salud de la sociedad venezolana. El respeto a la norma es vital para la convivencia y, a su vez, la convivencia es vital para el desarrollo de un país. La táctica de Poncio Pilatos de lavarse las manos -incluso alguna otra parte del cuerpo- busca la evasión, alimenta la anarquía y engorda la impunidad, factores que resultan demasiado cancerígenos para el tejido social. Y el desenlace no es nada halagüeño.

Ojalá la investigación anunciada por la Fiscalía General de la República permita responder muchas preguntas relacionadas con el suceso: ¿Quién organizó el concierto? ¿Quién lo financió? ¿Qué trámites hizo? ¿Quién otorgó permisos sin exigir condiciones mínimas de seguridad? ¿Por qué un espacio público no abrió las puertas a tiempo para evitar el tumulto? ¿Dónde estaban los organizadores que debían garantizar el ingreso en orden? ¿Por qué ante la previsión de una asistencia multitudinarias -estimaban ocho mil personas y testigos afirman que la cifra se multiplicó- no se solicitó custodia policial? ¿Cómo se instalaron monstruosas estructuras de sonido en forma clandestina?

Esas serían algunas de las interrogantes formales, pero hay otras derivadas de la reacción de los asistentes que deberían invitar a la reflexión, más allá de absurdos señalamientos clasistas. Es cierto que la juventud se caracteriza más por la emoción que por la razón, que la mayoría de los chamos se siente Supermán y que están convencidos de que las cosas malas les pasan a los demás, pero también hay que pensar: ¿Qué valores transmiten actualmente la familia, la escuela y los medios? ¿Qué falla en la educación? ¿Qué detona un comportamiento casi suicida? ¿Qué importancia tiene para un individuo la vida del prójimo?

Es de suponer que pocos dudan de la buena intención de Neutro Shorty al querer ofrendar a sus seguidores con un espectáculo gratuito. Pero el resultado de la iniciativa fue fatal. Y es necesario saber cómo sucedió todo. Así habría una importante lección para evitar futuras réplicas. Aunque el aprendizaje –si lo hay- no devuelva la vida a las jóvenes víctimas.