Internacionales

Un apellido y cien lunas de miel

Cristian Abreu-Hidalgo

A Iván sí lo han aguijoneado muchas veces, sin embargo, al igual que su padre y que su abuelo, tampoco concibe la vida lejos de ellas

Pinar del Río.–Iván Varela no tiene la destreza de su abuelo Fisco, el recio campesino de Guanahacabibes que en los años 80 del pasado siglo protagonizó reportajes y documentales, inspirados en su capacidad extraordinaria para lidiar con las abejas.

A pesar de haber pasado la vida entre colmenas, él mismo se sorprende cada vez que ve las imágenes del hombre agarrando «a mano pelada» los insectos, pasándoselos por el rostro, y afirmando que si las trata con ternura, las abejas no lo pican.

A Iván sí lo han aguijoneado muchas veces, sin embargo, al igual que su padre y que su abuelo, tampoco concibe la vida lejos de ellas.

«Esto es algo que se extraña. Si no vengo a verlas todos los días, no estoy bien», dice el actual presidente de la ubpc productora de miel, cera y propóleos, en esta remota porción del occidente cubano.

Recién llegado de España en 1919, su bisabuelo Santiago fue el iniciador de la apicultura en Guanahacabibes. Desde entonces, siempre ha habido un Varela al frente de la cría de abejas en la península. Más que una cuestión de apellido, se trata de una pasión común por una actividad que han tenido que reconstruir varias veces, luego del azote de los huracanes y las plagas.

Primero la impulsaron de manera familiar. Luego, al triunfo de la Revolución, decidieron entregar voluntariamente al Estado las 200 colmenas que poseían, para apoyar la fundación de un plan apícola, cuyo núcleo estaría en la zona de La Jaula. En 1964, ese sería el escenario de la primera Reunión Nacional de Apicultores, y se reconocería a La Jaula como el primer poblado apícola de Cuba.

Cuentan que en varias oportunidades el Comandante en Jefe Fidel Castro recorrió el lugar, interesado en el desarrollo de la producción de miel, y que en la casa de los Varela conversarían largo y tendido sobre las interioridades y las perspectivas de la actividad.

Como resultado de aquellas visitas, se iniciaría un proceso de modernización, que incluiría el mejoramiento genético, la introducción de técnicas más eficientes, y de medios y equipos para humanizar el trabajo e incrementar los rendimientos.

En 1982, con más de 5 000 colmenas, se lograría el récord productivo que se mantiene hasta hoy, de 402 toneladas de miel.

De los encuentros del líder histórico de la Revolución con Fisco Varela abundan las anécdotas, y también de la humildad proverbial de aquel campesino analfabeto, pero de un enorme talento natural, que durante décadas dirigió la cría de abejas en el extremo occidental de Cuba.

El jeep Waz que todavía tiene la ubpc, por ejemplo, fue un obsequio personal del Comandante en Jefe, que Fisco nunca quiso registrar a su nombre. Luego le entregaron un Niva y renunció a él para dárselo al consultorio de la comunidad. Por último, le dieron la oportunidad de comprar un Moskovich, y se lo cedió al trabajador más destacado.

Con más 2 900 colmenas, y un centro genético de reinas de 550 núcleos, en la actualidad la apicultura resurge en esta franja de tierra casi virgen, donde la voluntad de una familia ha sido decisiva para preservarla, a pesar de las tormentas y las plagas.

Además de Iván, actualmente en la cooperativa laboran también Reinaldo, Liván, Raico, Orlando, Rodolfo y Sixto, todos integrantes de una cuarta generación de Varelas que sigue apegada a las abejas.

«Para nosotros constituye un orgullo –asegura el presidente de la ubpc– . A mucha gente le sorprende, y nos preguntan cómo aguantamos eso de que nos piquen y de echarnos las colmenas encima para trasladarlas. Y es verdad que es un trabajo duro, pero también muy bonito, que hace que uno se enamore de él.

«Estoy seguro de que dentro de cien años seguirá habiendo abejas en Guanahacabibes, y un Varela fomentando la producción de miel. La tradición que iniciaron nuestros abuelos y bisabuelos perdurará».